Mi querida hermana mayor era dulce, amorosa, devota a nuestro Padre Celestial y un gran ejemplo para mi. Y aunque en nuestra vejez no pudimos compartir como hubiera querido, a menudo hablamos por telefono y me hacia sonreir. Su tierna voz todavia me llega a la mente… Tengo fe que nos veremos en la resurrección. Hasta pronto querida hermana.